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Una gran araña de guadua cubre con sus ocho patas lo que antes fue una piscina abandonada. “Residente Araña 13” es el nombre de este proyecto de arquitectura ecológica que tuvo lugar en la “Residencia en la Residencia en la Tierra” del 14 al 18 de diciembre del 2009 y en el que coincidencialmente trabajaron trece personas, entre ellas nueve residentes provenientes de diferentes lugares y profesiones. La estructura surgió de una idea del artista y arquitecto Santiago Escobar -insipirada en las arañas que la artista francesa Louise Borgeois ha creado para espacios públicos en diversas ciudades del mundo como Sao Paulo y Londres-, y del diseño del también arquitecto, Mauro Vargas. El arquitecto experto en guadua, Simón Vélez, asesoró el proyecto.
La construcción de la araña contó con un obrero conocedor del material y con la experiencia de Pablo Atehortúa, quien ha trabajado como maestro de obra de Simón Vélez por más de 30 años; ambos fueron guías indispensables para entrenar a los residentes inexpertos en la dura labor de llevar una idea y un dibujo a la realidad y al mismo tiempo, relacionarse con un material que ofrece inmensas posibilidades de flexibilidad y estabilidad. La obra también fue posible gracias a un exhaustivo trabajo en equipo en el que hasta las mujeres cargaron guaduas y las serrucharon, abrieron caminos a punta de machete y palín y construyeron escaleras; mientras que los hombres, montados en andamios improvisados y en escaleras inestables, iban armando pata por pata la araña.
La obra generó polémica sobre la relación y el límite entre arte y arquitectura: ¿Se trata de una escultura y su función se limita a su existencia y armonía con el paisaje? ¿O se trata de una estructura práctica que tuvo como fin la creación de un espacio en el que se pudiera trabajar cómodamente? Si bien dentro de la araña hay un cubículo forrado con paredes en esterilla de guadua que se usa como taller para los residentes, también es una obra escultórica digna de contemplación por el juego que hace con el paisaje.
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